ALIMENTACIÓN SALUDABLE EN VERANO: CLAVES PARA EL BIENESTAR DE LAS PERSONAS MAYORES

 

Durante el verano, las altas temperaturas representan un desafío adicional para la salud, especialmente en las personas mayores. Con el paso de los años, el organismo puede perder parte de su capacidad para regular la temperatura corporal y para percibir la sensación de sed, lo que incrementa el riesgo de deshidratación, agotamiento y golpe de calor, así como de trastornos digestivos. A esto se suman cambios en el apetito y en los hábitos alimentarios que pueden afectar el bienestar general.

 

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que las personas mayores constituyen uno de los grupos más vulnerables frente al calor extremo y recomienda prestar especial atención a la hidratación, la alimentación y el entorno durante los meses de altas temperaturas (OMS, Heat and health).

 

 

En este contexto, la alimentación saludable cumple un rol clave como herramienta de cuidado y prevención. Elegir alimentos frescos y adecuados no solo favorece una mejor hidratación y niveles de energía más estables, sino que también contribuye a una digestión más eficiente, al fortalecimiento del sistema inmunológico y a la prevención de complicaciones frecuentes durante el verano.

 

 

Adoptar una alimentación saludable en verano no implica grandes cambios, sino incorporar decisiones simples y conscientes: priorizar comidas frescas y livianas, respetar horarios, acompañar con una correcta hidratación y adaptar las preparaciones a las necesidades propias de esta etapa de la vida. Estos cuidados cotidianos pueden marcar una gran diferencia en la calidad de vida y en el disfrute pleno del verano.

 

 

 La hidratación: una prioridad

 

A medida que aumentamos en edad, la sensación de sed disminuye, por lo que es importante beber líquidos de forma regular, aunque no tengamos sed.
Se sugiere:

 

  • Tomar agua segura a lo largo del día.
  • Incorporar infusiones frías, caldos livianos y aguas saborizadas caseras sin azúcar agregada.
  • Aumentar el consumo de frutas y verduras con alto contenido de agua, como sandía, melón, naranja, tomate y pepino.

Una hidratación adecuada contribuye al buen funcionamiento renal, cardiovascular y cognitivo.

 

 

Comidas livianas y nutritivas

 

En verano, es aconsejable optar por preparaciones sencillas, frescas y de fácil digestión:

 

  • Verduras crudas y cocidas, en ensaladas variadas de todo tipo y color.
  • Frutas frescas, preferentemente de estación.
  • Carnes magras, pescado, huevos y legumbres bien cocidas.
  • Lácteos descremados, conservados siempre en frío.

 

Evitar comidas copiosas, frituras y exceso de sal ayuda a reducir la sobrecarga digestiva y el riesgo cardiovascular.

 

 

Menos sal y menos azúcar durante las comidas

 

El exceso de sal puede favorecer la retención de líquidos y elevar la presión arterial, mientras que el consumo elevado de azúcar aumenta el riesgo de deshidratación y descompensaciones metabólicas.

 

Se recomienda:

 

  • Usar hierbas y condimentos naturales para dar sabor.
  • Limitar bebidas azucaradas, jugos industriales y productos ultraprocesados.
  • Reemplazar el azúcar por edulcorantes no calóricos.

 

Cuidado con la conservación de los alimentos

 

Las altas temperaturas favorecen la proliferación de bacterias. Para prevenir enfermedades transmitidas por alimentos:

 

  • Mantener la cadena de frío.
  • No consumir alimentos fuera de la heladera por tiempo prolongado.
  • Lavarse las manos y limpiar bien frutas y verduras.
  • Evitar mayonesas caseras, cremas y preparaciones con huevo crudo.

 

Alimentarse bien para disfrutar el verano

 

Una alimentación saludable durante el verano es una aliada fundamental para que las personas mayores puedan mantener su autonomía, sentirse activas y disfrutar con mayor seguridad de las actividades cotidianas. Elegir bien qué comer y cuándo hacerlo ayuda a prevenir enfermedades, evitar descompensaciones, mejorar la digestión y sostener los niveles de energía a lo largo del día, incluso en jornadas de mucho calor.

 

 

Comer de manera equilibrada, incorporar alimentos frescos y livianos, y respetar una correcta hidratación permite cuidar funciones vitales del organismo y reducir riesgos frecuentes en esta época del año, como la deshidratación o los golpes de calor. Estos hábitos sencillos también favorecen el bienestar general, el buen ánimo y una mejor calidad de vida.

 

 

Cuidar la alimentación es, en definitiva, una forma simple y efectiva de cuidar la salud. Pequeñas decisiones diarias hacen una gran diferencia. Y recordá siempre: los alimentos deben conservarse frescos, protegidos del calor y siempre a la sombra, para evitar su deterioro y proteger la salud.

 

 

Referencias bibliográficas

 

  • Organización Mundial de la Salud (OMS). Healthy diet. OMS, 2023.
  • Organización Panamericana de la Salud (OPS). Guías alimentarias para personas mayores. OPS, 2022.
  • Ministerio de Salud de la Nación Argentina. Alimentación saludable en adultos mayores. 2021.
  • FAO. Food safety and nutrition in the elderly. FAO, 2020.

 

 

COA, Comisión de Deporte y Sociedad Activa