/** * @version $Id: user.php 1344 2011-11-25 16:47:03Z joomlaworks $ * @package K2 * @author JoomlaWorks http://www.joomlaworks.gr * @copyright Copyright (c) 2006 - 2011 JoomlaWorks Ltd. All rights reserved. * @license GNU/GPL license: http://www.gnu.org/copyleft/gpl.html */ // no direct access defined('_JEXEC') or die('Restricted access'); // Get user stuff (do not change) $user = &JFactory::getUser(); ?>

La primera incursión en un Juego Olímpico es abrumadora, tal vez la cantidad de gente involucrada y la cantidad de hechos por sucederse en tan corto período de tiempo puedan transformar la ansiedad por participar en un ahogo incipiente..

Y de nada valen los lauros periodísticos ni las cucardas que la profesión ha ido colocando sobre el pecho con Mundiales de fútbol, Panamericanos o cientos de torneos de tenis, entre otros.

Los Juegos Olímpicos siempre me han emocionado pero esta vez, en Londres 2012, fue especial porque un deportista argentino en un deporte individual lograba, después de 64 largos años, obtener una medalla de oro. 

Estoy hablando de Sebastián Crismanich, que tiene y aprovecha la oportunidad en los últimos minutos del combate para vencer a su contrincante español  y el festejo desenfrenado del correntino me dejó al borde del llanto y no sabía si cumplir con mi trabajo de sacar fotos o de gritar “Vamos Argentina, carajo”.

Un antes y un después. Eso marcará, en mi carrera, haber cubierto los Juegos Olímpicos.  Nunca soñé con hacerlo. Nacido en Bahía Blanca y criado en una región amante del básquet, mis ilusiones pasaban por ir a un Mundial de ese deporte o algún partido de la NBA. Y ambos objetivos (cinco finales de NBA y dos Mundiales) los cumplí cuando no tenía más de 28 años. Pero diez después, algo único me estaba esperando... La imaginé como una muy linda experiencia, pero en realidad fue algo mágico, tan hermoso como movilizante.

"Un plan"

Más allá del elegante gigantismo, fácil de esperar en tierra británica, acaso los JJOO Londres 2012  hayan implicado un hecho novedoso para nosotros: nuestros atletas –por ahí demasiados- viajaron conformes, convencidos de lo actuado en la etapa previa.- Suena natural, obvio, pero no siempre fue así.

La mirada de un periodista acerca de un acontecimiento tan arduo, gigantesco y espectacular como los Juegos Olímpicos, muta según pasa el tiempo. No es lo mismo, por cierto, las definiciones que se emiten en el frenesí del propio desarrollo de las actividades, corriendo -literalmente- de un escenario a otro, eludiendo vallas, controles y aglomeraciones públicas, que el reposado análisis "post" en el cual se tamizan ciertos hechos menores para profundizar en lo importante de la cuestión.

Cuando me preguntan qué significa estar en un JJOO jamás tengo las palabras correctas para describirlo. Ya casi ni lo intento.Cada Juego tiene su encanto, por el lugar, por cada sociedad, por cada cultura y por cada camada de deportistas mundiales.En la previa todos sabíamos que Michael Phelps en natación y Usain Bolt en atletismo iban a hacer de las suyas en Londres.No defraudaron. Hicieron que la magia apareciera y el mundo vibró en cada una de sus presentaciones.

Al regresar de Londres me preguntaban si había sido testigo de los mejores Juegos de la historia. “Creo que no”, les contestaba, y esa respuesta desalentaba a algunos interlocutores, aunque después intentaba levantarles el ánimo explicando que es difícil comparar las distintas ediciones.

Todas las que me tocó cubrir me cautivaron por varios motivos, convirtiendo a cada Juego Olímpico en único, irrepetible, mágico.

Para los resultadistas fue un paso atrás. Fue una actuación que, en lo cuantitativo, significó un retroceso con respecto a los resultados de Atenas y Beijing porque esta vez hubo una medalla de oro contra dos y cuatro podios frente a los seis de cada una de las citas de 2004 y 2008 y porque del 38º puesto de hace cuatro años se descendió al 42º.

Pero sería mediocre si lo único que importara en el análisis olímpico fueran los números.

Se pueden observar los Juegos Olímpicos por televisión desde muy chico y a lo largo del tiempo, con mejor tecnología. Se pueden leer varios libros o revistas acerca de esta cita universal, pero nada como vivirlos desde adentro.

Lo sorprendente para los ojos no sólo pasa por las ceremonias de apertura y de clausura, sino por el espíritu con que los atletas y el propio público viven esta fiesta durante su transcurso.

El momento de la historia por el que transcurre el deporte argentino indica que Londres 2012 fue un juego de transición. Con un plantel en el cual el 60% de los participantes hicieron su debut olímpico, Argentina demostró que está por el camino del crecimiento. La mira está puesta en Río 2016, y el futuro es prometedor.

Es probable que para los exitistas la cosecha de medallas haya sido pobre. Para quienes miden el deporte

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