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El Himno Olímpico

 

Es una pieza musical compuesta por Spiros Samaras con palabras de un poema de Kostis Palamas (ambos de nacionalidad griega) y se estrenó en los I Juegos de la Olimpíada en Atenas 1896.
En la actualidad se escucha durante el izamiento de la bandera olímpica en las ceremonias de apertura y clausura de un Juego Olímpico.

 

 

Espíritu inmortal de la antigüedad, 
Padre de lo verdadero, lo hermoso y lo bueno.
Desciende, preséntate, derrámanos tu luz sobre esta tierra y bajo este cielo, que fue el primer testigo de tu imperecedera fama.

Dad vida y vivacidad a eso nobles juegos
Arrojad, guirnaldas de flores que no palidecen
¡A los victoriosos en la carrera y en la contienda!
¡Crea, en nuestros pechos, corazones de acero!

En tus ligeras llanuras, montañas y mares
Brillan en un matiz roseo y forman un enorme templo en el que todas las naciones se reúnen para adorarte, ¡Oh espíritu inmortal de la antigüedad!

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